viernes, 30 de septiembre de 2011

DECIR GRACIAS A TIEMPO

Egresados del Instituto Parroquial San Roque 1977


El laberinto de los días transcurridos me han llevado a distintos sitios, tiempos. Muchos aromas, rostros, palabras habían quedado guardados en el rincón derecho, debajo de aquella manta cálida, en mi caja.
Con asombro pude ver que nada de lo que allí se hallaba se encontraba apolillado y que por el contrario estaban casi intactos en mi memoria extraviada.
Reconozco mi rostro adolescente, sonriente, en el tercer asiento de izquierda a derecha. Lógicamente, en esos años no tenía conciencia de la importancia que en el futuro tendrían los estudios terminados y mis queridos compañeros, con los que en su momento no compartí muchas cosas.
El sábado pasado me reencontré con muchos de ellos, en una gran fiesta en el colegio.
Inmediatamente, el recuerdo de Josefina Gavazza (la señora bajita que aparece parada a la izquierda) , la señorita directora, se agrandó en mi recuerdo. El tiempo pasado regresó como un presente claro y nítido.
Las lágrimas por mi situación familiar y la enfermedad terminal de mi madre, alejaban mi mente del estudio y también de mis compañeros.
A punto de claudicar, ella tomó el teléfono y me llamó. Sencillamente, me dijo: "ven a hablar conmigo, si luego no quieres seguir estudiando lo voy a respetar". La calidez de su convocatoria y el respeto que por ella sentía me obligaron a concurrir a su cita. No habrán sido más que treinta minutos, en que la escuché profunda y respetuosamente. Sus palabras calaron en mí profundamente y continué estudiando. Gracias a ella obtuve el título secundario que luego en el transcurso de los años y con las vicisitudes de la vida, me abrirían puertas laborales, que me permitieron literalmente darle de comer a mis hijos, en una situación familiar muy complicada.

Hablando con "las chicas" en la fiesta, me comentaron que Josefina se encontraba viva y muy bien e inmediatamente sentí la imperiosa necesidad de decirle lo importante que fue para mí vida, todo lo que me brindó como docente, pero sobre todo ese llamado telefónico que marcó la gran diferencia.
Ansiosa, pregunté a medio mundo su número telefónico, hasta que en el día de hoy una ex compañera del Instituto San Roque me lo pasó por face. Hoy debía ser yo quien levantara el teléfono y la llamara a ella.
Recién acabo de terminar la comunicación, que no habrá durado más de veinte minutos, no porque yo así lo deseara, sino porque el uso del teléfono lo tiene un poco restringido en el lugar donde vive. En realidad me hubiera quedado hablando con ella eternamente, como si mis palabras pudieran meterse en la comunicación y convertirse en un abrazo intenso y profundamente sentido. Me emocionó escuchar su voz clara, su lucidez, su don de buena persona, con casi ochenta añitos. Me estremeció su emoción, cuando le recordé aquella conversación. Hoy, por razones de salud, no puede estar sola y vive en un Hogar de Hermanas, pero sale para hacer actividades ad honoren y para cuidar de sus sobrinos nietos que se encuentran en difícil situación.

Agradezco a la vida, el poderle haber dicho GRACIAS, abrirle mi corazón y brindarle todo mi reconocimiento y cariño a tiempo. Porque "HOY" es el día de agradecer, de decir, de amar, ya que mañana uno no sabe quien puede estar faltando.
Este post, no tiene nada de literario, poético o artístico. Es tan sólo el poder compartir con todos ustedes, mis amigos blogueros, estas cosas que me van sucediendo mientras no estoy por estos lados.

Gracias, por todo lo que siempre me brindan. La presencia, el aliento, el cariño, jaja ... también la paciencia.
Un abrazo grande a todos y hasta prontito!!!


domingo, 18 de septiembre de 2011

AUSENCIAS



Ausente en mí misma. Tratando de abrir puertas a las que temo con terror...pero no hay más salida que dar el paso, sin saber a dónde se va a ir, sin saber el destino.
Ausente de mi misma, ausente en mi blog y en los de ustedes, porque hoy me encuentro vacía.
Debo re descubrir el sol, la brisa, los árboles. Las miradas, las caricias y tal vez el amor.
Por eso es que no se cuando volveré por aquí y por sus casas, que merecen más que mi vacuidad.
El calendario me apura, me grita y aunque quiera no escucharlo, su grito me perfora los tímpanos sin piedad.
Les dejo a todos un gran abrazo, deseándoles lo mejor y ojalá que sea hasta pronto.


domingo, 11 de septiembre de 2011

ESPEJO



Alejandro tiene la costumbre de mirarse al espejo bien profundamente a los ojos, intentando reconocer la chispa y ese brillo que de niño solía tener; hasta que su barba le grita en la palma de su mano que debería abrir el botiquín y sacar su maquinita de afeitar y proceder con el ritual de casi todas las mañanas. Luego el resto de cabello canoso que aún le queda, le recuerda implacable que debe ocuparse de él. A esa altura, ya sin mirar tan fijamente al espejo. La imagen lo asusta un poco.

De fondo escucha los ruidos de la casa, aquellos de todos los días. Las voces de sus hijos Federico y Sabrina, -preparándose para ir a trabajar- y tal vez, también el ladrido de la perra, la pequeña Chichu, que tanto quiere. Sin embargo, el baño se convierte una vez más, en un gran salón ,cuyo amplio ventanal mira hacia un gran océano. Late en el recinto un mortal vacío, que sólo es roto por la presencia de Alejandro. Una melodía romántica suena desde alguna parte,mientras él gira y gira en el centro mismo del salón.


Como siempre, llegaría a la oficina con una sonrisa en su rostro, un saludo amable, y el corazón aliviado.

Por fin volvía a ser lunes.



jueves, 8 de septiembre de 2011

TIERRA



Vengo de la tierra
-fruto de siembra y cosecha-
Luz y sombra
de cuatro estaciones
cayendo en espiral

Vengo de la tierra
-sobrevolando realidades-
añorando tu puerto
ancla
yodo
sal
y néctar

Vengo de la tierra
convertida en ventisca
en espera del rocío
-tu rocío-
que apacigüe
el fuego de mi centro


sábado, 3 de septiembre de 2011

CHOCOLATE





Tironeó con fuerza el envoltorio que lo separaba de la dulzura de ese chocolate. Desprendió una pequeña porción que rápidamente se llevó a la boca.
Su sabor invadió cada rincón, invadiendo con su aire entremezclado, los huecos de aquellos sentimientos acorralados en los espacios más vacíos que podía tener.
Y mientras caminaba las tres cuadras que lo separaban de su casa, el aireado chocolate le ensanchó los pulmones de ansiedades y tal vez esa sensación, que esquivaba con cierta frecuencia: la esperanza.
El pie derecho se elevó para apoyarse sobre el último cordón de vereda que le restaba por subir.
Sacó la llave de la casa, abrió la puerta y al hacerlo escuchó como siempre, a su pequeña perrita que con un ladrido, mezcla de llanto de alegría y emoción al escucharlo llegar, la recibía. Nada más podía escucharse dentro de su casa.
Subió las escaleras, con el sol todavía brillando en sus ojos. Acarició a la pequeña mascota con una sonrisa en su rostro. Colgó su campera, dejó su bolso y se sentó por unos minutos en el cómodo sillón del living.
Dejó caer su estremecida humanidad, de años, de canas, de arrugas amadas, en un mar marrón, en un almohadón dulce y caliente.


Respiró profundamente, soltando involuntariamente un tímido gemido, mientras de sus poros emanaban gotas también marrones.
En el eco del profundo silencio, un susurro brotó al recordar sus labios:" no sabes que soy como ese chocolate aireado, capaz de disolverme en ti, para darte todo, incluso mi aire."


El envoltorio yacía caído al costado del sillón y las insistentes lamidas de su perra sobre su rostro, lo despertó al tiempo que pudo escuchar: "Ya está servida la mesa, querido."



jueves, 1 de septiembre de 2011

DUELO


Estoy enmudecida. Una vorágine de sensaciones se mezclan de tal forma que es imposible darles forma. Estoy latente, entre el horror de la muerte de una pequeña de once años, asesinada brutalmente en un municipio muy cercano al mío. Estoy tan sacudida que no tengo ganas de escribir y en general tampoco de comentar, (no es justo que entre a dejar una huella si no estoy con algunas luces como para leerlos con lo que cada uno de ustedes se merecen).
La muerte de Candela y todas las sucias circunstancias que rodean al caso me ha pegado en el centro del alma.
No digo que no escribiré más, tal vez, mañana mismo esté escribiendo nuevamente, pero hoy, sólo tengo una tristeza infinita.

Les dejo un abrazo a cada uno de ustedes y me siento mal por no entrar en sus rincones de luz, pero ya volveré lo antes posible.


LOS LATIDOS DE MAYANA

       Kalimani  ,   aprendió de su abuelo Katochi , todo lo que un niño de 14 años debía saber ; sentados frente a frente y con s...