miércoles, 10 de febrero de 2010

DEDICADO AL CROATA VICTOR, CON TODO MI RESPETO


Corrían los años setenta y pico en una argentina de plena dictadura militar. Tendria yo unos trece años cuando fui por primera vez, junto a mi amiga María Inés, a la parroquia del Padre Víctor que quedaba a unas pocas cuadras de casa, pero que nunca antes había visto. Ni siquiera sabía que allí había una parroquia. Claro, yo iba a una escuela católica perteneciente a la Iglesia del Carmen, la principal Iglesia de Villa Urquiza, donde se reunía la mayoría de los feligreses de clase media y clase media. Una bella Iglesia llena de Vitraux, mármoles y cúpulas. Allí tomé mi primera comunión.
Pero ese día llegué hasta la parroquia del Sagrado Corazón. En realidad llegué a un portón que a la hora indicada se abrió dejando entrar a todas las personas que aguardaban afuera.
Con María Inés nos ubicamos cerca del viejo harmonio a pedal y mientras esperábamos que comenzara la misa, comencé a mirar detenidamente cada detalle de la parroquia. Un mediano salón- que más que salón parecía que en otros tiempos había sido un garage-, con sus rústicas paredes pintadas de blanco. Un sencillo altar, un crucifijo en el fondo y dos hileras de bancos que sólo dejaban un estrecho pasillo en un costado por donde ingresar. No había confesionario. Tampoco hermosos Vitraux ni bellas ornamentaciones.
Luego de unos minutos, apareció un hombre muy alto, canoso, como de unos cincuenta y tantos años, vistiendo una vieja (y sucia) sotana y trayendo en sus manos una biblia y un diario.
El padre Víctor comenzó la misa leyendo un artículo del diario y en torno a él, dió el sermón y continuó con los rituales de la misa. De expresión severa y voz grave, impresionaba, en realidad más que impresionar asustaba (por lo menos a los chicos de mi edad).
Me gustó lo original de dar misa en base a hechos de la realidad, era la primera vez que veía una cosa así. Y eso me atrapó junto con el hecho de que allí funcionaba un grupo juvenil llamado "La Legión de María". Tengo muchos recuerdos y anécdotas para contar de aquél grupo, de las obras que hacíamos y de las picardías también, pero en realidad no es el objetivo de mi relato.
El padre Víctor era un hombre austero y de muy pocas palabras, casi siempre justas y duras.
Poco a poco fui conociendo algo de la historia de ese hombre de pasos cancinos. Supe que era Croata, que había sido prisionero en campos de concentración nazis en la segunda guerra mundial, que había sido torturado entre otras formas, haciéndolo caminar sobre brazas encendidas, por lo que sus pies habían quedado lastimados y su carácter endurecido. Sabiendo todo ésto, pude comprenderlo un poco más.
Era el cura del barrio. El que iba de casa en casa, dando apoyo. El que salía con un rastrogero a recolectar cartones, botellas. cocinas, heladeras, mesas ( y cualquier otra cosa que pudiera venderse para juntar fondos o bien para ayudar a alguien) , los que acumulaba en un gran galpón cubierto que había al lado de la parroquia hasta que los vendía o donaba. En el barrio muchos decían que parecía un basurero o un ciruja tanto por su aspecto como por lo que hacía.
Era en ese mismo galpón en donde se organizaban eventos barriales en favor de la parroquia. festivales, donde muy cómicamente María Inés y yo nos animábamos a Cantar!!!
Ése era el hombre de la sotana sucia. El que siempre decía:" me gustaría poder tener una iglesia que fuera más grande, así podrían entrar todos los que quisieran venir". Pero era sólo su sueño, porque la Curia no le daba fondos, tal vez por salirse del modelo establecido, quién sabe.
Con el transcurso de los años, tuvimos la noticia que finalmente la Curia le había dado una vieja casa en una esquina ubicada a unas pocas cuadras de la parroquia. Nos pusimos todos muy contentos, él se lo merecía. Pero después nos enteramos que la Curia sólo le daba el terreno y le pagaba la demolición de la construcción existente. Que gran desilusión!...Cómo iba a hacer el padre? nos preguntábamos, aunque no nos animábamos a hablar con él.
Durante un tiempo no fui más a la parroquia, cosas de adolescentes, y una tarde con María Inés, lo buscamos en la vieja parroquia y nos dijeron que estaba en el terreno. Caminamos esas pocas cuadras y al llegar pudimos ver una gran excavación (donde se construyen los cimientos) y allí abajo, la figura de ese hombre sentado en una piedra con las piernas abiertas, inclinado hacia adelante y haciendo algo. Con cuidado bajamos y al estar a su lado nos dijo: "les pedí que me dejaran los ladrillos, así puedo rescatar los que sirvan", mientras con un cincel y un martillo los limpiaba uno por uno. Fue algo muy impactante, sólo muchos años después pude darme cuenta que ésa imagen tuvo un efecto profundo en mi vida. En ese momento no pudimos hacer otra cosa que ofrecerle nuestra ayuda.
Y así, el hombre de la sotana sucia, limpiaba ladrillos, juntaba cartones en silencio y solitariamente.
Yo me aleje de la Iglesia como institución y dos o tres años después me enteré que la Iglesia ya estaba avanzada en su construcción. No sé porqué pero no pude ir a verla ni a felicitar al padre por su logro.
El año pasado, cerca de allí, pregunté por la parroquia y fui. ¡qué linda parroquia, qué cálida, sensilla y humilde! ¡ que extraña emoción me embargó al estar allí!. Había unas pocas personas resando y me preguntaba si ellas sabrían como construyó el Padre esa Parroquia. Ya sabía que el padre había fallecido antes de que concluyera la obra y busqué por todos lados una placa de reconocimiento o algo así, pero no la hallé.
Entre emocionada y enojada, hable con María Inés y le dije:Cómo es posible que no haya una sola placa recordando al padre Víctor!. Entonces me contestó:" sus restos están enterrados al pie del altar y su nombre está grabado en el piso". Me sonreí en mí interior. El hombre que construyo desde los cimientos la iglesia, terminó reposando allí. Su hogar. En qué mejor lugar podía estar?...
Siempre quedó y quedará grabada en mi mente la imágen de ese hombre rescatando lo más pequeño en pos de su sueño. Con esfuerzo, con humildad, sabiendo aprovechar todas esas experiencias terribles que había tenido en la guerra. Esa imagen, ese ejemplo, fué lo mejor que el padre Victor me dejó. Hoy día sigue siendo un pilar en mi vida.
Por eso, luego de haber expresado en mi post anterior lo que pienso de la Institución religiosa, necesito y considero que es justo, hacer un reconocimiento al Padre Víctor y con él a todos los hombres de tremenda fe y fuertes principios, que eventualmente se encontraron o se encuentran en una institución, que a mi modesta opinión, no los merece ni los representa.


Gracias a ese hombre llamado Victor, el de la sotana sucia.

1 comentario:

  1. Qué historia más interesante, no tenía ni idea de su existencia.
    Gracias por participar en mi blog.
    Un saludo.

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