domingo, 25 de abril de 2010

PERDIENDOSE EN LA BUSQUEDA...


Ya muchas personas le habían mostrado su foto, sin lugar a duda debería poder reconocerlo a simple vista. Es que casi se había convertido en una obsesión el hecho de completar su trabajo. Sin lugar a duda era la responsabilidad y el cumplir uno de los mandatos familiares que más se habían enraizado en su mente.
Tal como se lo había propuesto, a las cinco en punto se quedó parada en la esquina de Corrientes y Callao. Justo a la hora de salida de los bancos y de las oficinas en general. Las angostas veredas del centro se hallaban atestadas de figuras cuyos rostros parecían portar máscaras, si, máscaras blancas, todas iguales. Y pensó que le sería muy difícil poder reconocerlo. Entonces comenzó a prestar atención a las vestimentas, tal vez podría diferenciarlo a través de ellas pero sin embargo no fue así, todos lucían igualmente distintos. Nada que pudiera llamarle la atención.
Miró el reloj y tomó conciencia que el cielo no le estaba mintiendo, ya eran cerca de las seis y media de la tarde. Pero ella no se daría fácilmente por vencida, fracasar en su encuentro significaría que su imagen ya no sería la misma ante los demás. ¿Qué opinarían de ella?... y en definitiva, sabía que se sentiría muy mal de no haber logrado su cometido.
Poco a poco la transitada esquina fue quedándose sin transeúntes, sólo los mismos habitué de los tradicionales cafés de Buenos Aires, tal vez románticos incurables, poetas solitarios o quizás ese hombre pasado en copas que recostaba su cabeza sobre el vidrio de la ventana de aquél bar, sucio y viejo.
Ya un tanto preocupada, viendo que la noche se aproximaba y cada vez hacía más frío para continuar aguardando, miró nuevamente su reloj, que descaradamente le dijo que eran las diez de la noche.
Casi con resignación, miró nuevamente la foto, aquella que tantas personas le habían mostrado y cuyas voces no habían dejado de decirle que no cejara en buscarlo o esperarlo (en todo caso era sólo una cuestión de formas y no de fondo). Sacó su chalina del bolso y se la colocó al rededor de su cuello. Hizo un espacio en el pequeño bolsillo del mismo y guardó la foto. Buscó el pequeño monedero y sacó las monedas justas para tomar el subte y volver al barrio que la había visto nacer. Y mientras caminaba hacia la entrada del subte, no podía dejar de mirar hacia atrás, con la ingenua esperanza de que tal vez, se estuviera retirando unos minutos antes y así se perdiera la posibilidad de hallarlo.
Pero por más que mirara y mirara la calle, no divisaba más que aquellas personas que sin hogar, comenzaban a acomodar sus colchones sobre los cartones que intentarían protegerlos del frio impiadoso, en la entrada de algún edificio. O bien, los hirientes niños que sentados en los umbrales de los negocios ya cerrados, consumían droga y reían desaforadamente.
Ya estaba cerca de la estación de subte, pero por falta de costumbre de viajar en él, no sabía que ya se encontraba cerrado. No conocía bien el centro y se sintió desorientada y perdida. A tal punto que se cuestionó severamente el porqué había ido en su búsqueda, en definitiva se sintió tonta.
Volvió a observar a esos viejos linyeras y a los niños sucios y drogados, unos durmiendo la mona y los pequeños riendo por no llorar.
Estuvo a punto de preguntar qué linea de colectivo podía llevarla de regreso, pero sólo atino a hablarle a un viejo que aún no dormía y que se encontraba bebiendo una grapa, tratando de entrar en calor.:
-¿Señor?... ¿Señor?...puedo preguntarle algo - dijo tímida y temerosamente (nunca se sabe como pueden reaccionar estas personas).
-¿Tiene un cigarro señora?- pregunto con su voz ronca de alcohol ,frío y cigarros.
_eh, si, si, ya le doy- contestó ella con la intriga de porqué le habría llamado señora.Y revolviendo su bolsillo derecho sacó el aplastado paquete con tres cigarrillos y se los dio al hombre.
-Ah!! , gracias querida- dijo con una sonrisa que sólo dejaba ver huecos en su boca.
-No... no hay porqué, disculpeme le puedo preguntar algo?- volvió a insistir.
-Mija, ¿no quiere sentarse acá?- no está tan frío , tengo varios cartones.
Ella acepto, pensando que bueno, el hombre no parecía agresivo y al fin y al cabo había perdido ya tanto tiempo que no importaba un poco más.
-Tómese una grapita- la va a calentar- dijo amigablemente.
-Gracias, digame, como es que un hombre tan amable como ud,. termina así? , disculpe si le molesta mi pregunta- dijo ella cálidamente.
-Le cuento una corta historia cuando yo era joven, creía en el amor y lo busque, y lo esperé y muchos me mostraron que se podía hallar el amor. Así fue que un día vine a la esquina de Corrientes y Callao a encontrarme con mi amor y aquí estoy señorita, aquí estoy.

6 comentarios:

  1. Eso es tener fe y esperanza.
    Además de estar enamorado.

    Besos.

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  2. Historias que para nuestros ojos son tristes, pero que guardan una tremenda profundidad por la sencillez de vida que puede dar cabida a los sentimientos más puros.
    Un saludo.

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  3. Pues escribí un relato sobre una mujer que estaba siempre en el muismo banco de la calle de Toledo en Madrid. Creo que por lo menos estuvo dos o tres años ahí...
    Excelente relato.
    Besos.

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  4. Nunca se dio por vencido.
    El amor es mas fuerte.
    Esa espera tiene una mezcla de dolor y esperanza, porque sigue teniendo la fe de encontrarla, de que algún dia llegará.
    Me hizo acordar a una pelicula.
    Besos corazón!

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  5. Un cierre maravilloso. Me encantó este cuento y te lo aplaudo.

    Un gran abrazo para ti.

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  6. Me ha encantado esta historia. Fe y fidelidad interna al amor a lo que se ama...

    Besos.

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