
Desde hace un tiempo compartimos el paisaje desde la misma ventana, tal vez con un café caliente con coñac por las noches de invierno o con unos buenos mates en las mañanas soleadas.
Hace un tiempo ya, que tenemos la misma vista aunque no conozco tu rostro, ni el tono tu voz. Tampoco sé de la intensidad de tu mirada, sin embargo este rincón con aroma a café y luz tenue, me habita como si acaso tú estuvieras realmente allí. Como el ángel que acaricia mi alma, con palabras elegidas sabiamente, con sentimientos expresados en brisas y colores inventados. También te he descubierto escondido pícaramente tras algunas corcheas y semifusas, que traviesas, flotan más de una vez en el rincón de la magia.
Las paredes rebozan de estantes llenos de grandes colecciones encuadernadas en cuero y labradas con letras doradas. Ellas a veces, sólo a veces, me hacen compañía, porque en realidad están muy ocupadas en mantener su prestancia, tal vez teman romperse ¿será acaso que de alguna forma se sentirán frágiles, que deben quedarse juntitas y tal vez un poco lejos de nosotros? no lo sé y creo que tampoco me dirían la verdad de preguntárselo.
Lo más importante para mi, son esas mañanas en tu compañía compartiendo algarabías o esas noches de densa bruma, en que tus palabras son absolutamente mesuradas o bien te mantienes en silencioso respeto para no decir algo que pudiera dañarme.
En ese rincón sin rostros, sin voces, hay tanto amor plasmado en palabras que me regocijo de compartirlas contigo: gran y humilde escritor, gran y humilde poeta, gran y humilde rescatista de temas sociales y humanos, que nos alcanzas documentales o entrevistas. Todos, habitantes como yo de este mágico y extraño mundo sin fronteras.
He abierto una ventana y me he encontrado contigo, desde ese día no has dejado de enriquecerme. Gracias amigo escritor de Blog, por tu recibimiento, por tu permanencia, por tu pasar esporádico, por permitirme saber que existes.