domingo, 7 de agosto de 2011

SUPERMARKET


Reconozco que era un poco tarde y ya estaba por cerrar el hipermercado. Pero tratando de apurarme lo máximo posible, recorrí a paso acelerado entre las góndolas intentando localizar la que estaba necesitando.

Comencé a desesperarme cuando por los alto parlantes comenzaron a anunciar que estaban cerrando y que por favor fueran acercándose a las cajas.

En uno de los pasillos me encontré con una persona de seguridad interna y le pedí por favor que me diera unos minutos más. Debe haber visto mi rostro de desolación, ya que sólo atinó a esbozar una sonrisa, a la vez que con su brazo hizo un gesto de que continuara.

Las luces iban apagándose de atrás hacia adelante y cuando ya no quedaba nadie más, tuve que retirarme.

Era aún más tarde y hacía más frío todavía, cuando ya convencida me fui sabiendo que allí no existían las góndolas de los abrazos.


viernes, 5 de agosto de 2011

KEYS ( Perdón por mi ausencia, ya entenderán)




Las miro una y otra vez, luego de haberlas probado en infinidad de cerraduras, pero no abren.
¿Demasiado viejas?.... puede ser.
¿Cerraduras equivocadas?... también puede ser.
La cuestión es terriblemente sencilla, la puerta no se abre y el reloj sigue funcionando como siempre, marcando su tic tac implacable.
He consultado ya muchos cerrajeros, algunos han intentado rehacer la llave o bien darme instrucciones de cómo engrasar la cerradura para que funcione. Otros, en cambio me sugirieron que cambiara toda la cerradura, haciendo con ella un nuevo juego de llaves.
Pero hay algo que no está bien hecho, porque o engraso la cerradura equivocada o confundo las llaves nuevas con las viejas y la puerta sigue sin abrirse y el maldito reloj sigue con tu tic tac de calendarios.
A esta altura llevo guardada una lata llena de llaves oxidadas y otras no tanto, igualmente inservibles por lo visto.
Alguien me aconsejó que buscara otro cerrajero, que intentara otras opciones. Con gusto lo haría, pero no logro salir, la puerta continúa cerrada.
Y de tanto estar a solas con ella, en más de una oportunidad me he puesto a conversar, intentando saber si me estaba defendiendo de algún agresor o bien, me tiene secuestrada en el infierno que significa querer salir, volar, soñar y no lograrlo. Sus respuestas, como no podían ser de otra forma, fueron confusas, dándome razones para una cosa y también para la otra.
En las noches frías y solitarias como la de hoy, miro hacia los costados y también veo puertas cerradas, y comencé a dudar si tal vez, por algún motivo que yo no recuerdo, en algún momento fui condenada a prisión y por eso estoy en estas condiciones. De ser así, la responsable sigo siendo yo, claramente.


Me quedé pensando que hace un tiempo ya, un día apareció por debajo de la puerta de mi casa un papel en el que estaba escrito: contraseña ************


sábado, 30 de julio de 2011

COCINA- a pedido de mi amiga Pato


Al leer la consigna, me surgió una mezcla de sensaciones contradictorias y seguí de largo. No podía expresar los hechos que las causaban , hasta que finalmente hoy, creo haber podido encontrar las palabras necesarias.
La cocina, como bien indica la palabra es el sitio donde "SE COCINAN, se mezclan, se unen y evaporan muchas cosas".
La cocina de mi infancia era un territorio bien delimitado por mi abuela paterna, a la cual no tenía demasiado acceso ya que s
iempre dependía del humor con que estuviera ella.
En ese ámbito se hallaba la recordada heladera Siam, elemento que guardaría oscuros secretos seguramente -sobre todo en la bandeja de la carne-, porque tenía casi prohibido abrirla.

Cuando lograba entrar - tratando de no pisar las minas
cazabobos-, miraba casi de reojo como cocinaba mi abuela. Y cuando fui teniendo un poco más de edad - digamos unos 8 o 9 años-, disfrutaba los fines de semana de levantarme más temprano que mis padres y junto a ella prepararles el desayuno, para sorprenderlos y llevárselos a la cama. Luego aprendí a preparar buñuelos de banana (que a mi abuela le salían riquísimos), bizcochuelos, mermeladas y el inigualable budín de chauchas, así como otras cosas también.

Lo bueno de todo esto, es que salí de la cocina, sin haber pisado ninguna mina y con unas cuantas recetas que hoy día hago con un seleccionado sentimiento de ternura.
En una cocina se cocina de todo.


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Ella me dijo: este texto deberías subirlo a tu blog, no debería quedar dentro de los comentarios del Blog de Perras Negras. En un primer momento dudé, ya que en realidad, fue un comentario que dejé relativo a la palabra consigna del programa de radio Perras Negras que justamente era COCINA.
Haciéndole unos pequeños retoques, decidí subirlo. ( me vino como anillo al dedo, dado que la inspiración parece estar invernando con el frío que está haciendo por acá jaja).

viernes, 29 de julio de 2011

PIES DESCALZOS- Caminante no hay cam....

Danzan los pies descalzos

entre el barro y la pradera

Dibujan en el aire

la sinuosidad de un rojo fuego

y un celeste apacible

tallando en la tierra

un rastro de sangre y de miel

Porque ellos danzan...danzan descalzos

al compás de notas

arrojadas por hordas

de huracanes

O sublimes melodías

bordadas por brisas susurradas

con aroma a jazmines o azahares.

Ay... ellos danzan

dibujando la vida

como un laberinto colorido

de texturas y sabores,

con las plumas de sus alas.

martes, 26 de julio de 2011

MELODIA


Un acordeón Parisino
me besa la ausencia
y me resquebraja
la vana espera.

Un acordeón Parisino
me besa
roza mi espalda desnuda
de tus manos.


sábado, 16 de julio de 2011

CONVIVENCIA

¡Pará... ¿podrás callarte un segundo?... ¿no te das cuenta que me tenés recontra harta de escucharte TODOOO ELL TIEMPOOO?

Que si hago esto... o aquello... o por qué lo hago de esta forma y no de otra. Sos como una espina clavada...Aunque tengo que reconocer también que me haces reir mucho, sobre todo cuando como si fueras un espejo me devuelves una imagen de mi misma muy cómica.

Recuerdo el día que salimos con Cecilia y Tomás para ir al cine, era pleno invierno y yo estaba muy abrigada, pero arriba de la campera me puse el poncho, ese de color mostaza. Subimos al colectivo y cada uno sacó su boleto, yo fui la última, y me dirigí inmediatamente a los asientos de atrás donde estaban ellos. Apenas me senté, se acerca una chica de unos treinta años, que con ojos tiernos, se agacha y extendiendo su mano, me da una moneda de veinticinco centavos a la vez que me dice: Sra... esto es suyo. ¿Te acordás cómo se reía Cecilia?...ella mi hizo notar que mi apariencia, con ese poncho, se asemejaba a la madre tierra, a la vieja Pachamama... y todavía me río cuando lo recuerdo. Claro me reía, con ese humor negro que me suele caracterizar, imaginándome casi una anciana a la que le alcanzaban la moneda con toda consideración, siendo que todavía me falta un poco para la ancianidad.

Cecilia propuso jugar una ficha de pool, nunca fui demasiado buena para eso, pero lo de ése día fue atroz, hice saltar la bola fuera de la mesa y casi rompo una máquina de video juegos que había cerca. Si no hubiera sido por vos, me hubiera sentido avergonzada, sin embargo, lo único que pude hacer fue cruzar las piernas para no hacerme pis encima de la risa.

Cuando me hablas así me gusta, cuando no me estás criticando todo el tiempo. A veces no te das cuenta lo difícil que es convivir con vos. Te volves insoportable. Yo se que nos tenemos que tener paciencia, pues estamos destinados a convivir hasta nuestro día final, mi querido pensamiento.

martes, 12 de julio de 2011

SILENCIOS

La música tiene la sabiduría de hablar con los silencios. Ella sabe cuanto callar y cuanto decir. Un silencio importante, uno de redonda por aquí, otro de corchea por allá y ni hablar de esos pequeñitos silencios de semicorchea que parecen insignificantes, pero que están tan presentes que ni siquiera son tenidos en cuenta.
Todos ellos cuentan historias con su presencia. Son benévolos pues les brindan una bocanada de aire al músico que sopla sobre su amada boquilla, impaciente, hasta que aparezca la próxima nota, el próximo acorde.
La música admite toda clase de silencios y aún así, lo dice todo.





En el Aire

¡Calla! Calla el silencio de rojo estrepitoso Calla como calla la estampida en la nube que por marte se pasea Calla a...