
Las miro una y otra vez, luego de haberlas probado en infinidad de cerraduras, pero no abren.¿Demasiado viejas?.... puede ser.
¿Cerraduras equivocadas?... también puede ser.
La cuestión es terriblemente sencilla, la puerta no se abre y el reloj sigue funcionando como siempre, marcando su tic tac implacable.
He consultado ya muchos cerrajeros, algunos han intentado rehacer la llave o bien darme instrucciones de cómo engrasar la cerradura para que funcione. Otros, en cambio me sugirieron que cambiara toda la cerradura, haciendo con ella un nuevo juego de llaves.
Pero hay algo que no está bien hecho, porque o engraso la cerradura equivocada o confundo las llaves nuevas con las viejas y la puerta sigue sin abrirse y el maldito reloj sigue con tu tic tac de calendarios.
A esta altura llevo guardada una lata llena de llaves oxidadas y otras no tanto, igualmente inservibles por lo visto.
Alguien me aconsejó que buscara otro cerrajero, que intentara otras opciones. Con gusto lo haría, pero no logro salir, la puerta continúa cerrada.
Y de tanto estar a solas con ella, en más de una oportunidad me he puesto a conversar, intentando saber si me estaba defendiendo de algún agresor o bien, me tiene secuestrada en el infierno que significa querer salir, volar, soñar y no lograrlo. Sus respuestas, como no podían ser de otra forma, fueron confusas, dándome razones para una cosa y también para la otra.
En las noches frías y solitarias como la de hoy, miro hacia los costados y también veo puertas cerradas, y comencé a dudar si tal vez, por algún motivo que yo no recuerdo, en algún momento fui condenada a prisión y por eso estoy en estas condiciones. De ser así, la responsable sigo siendo yo, claramente.
Me quedé pensando que hace un tiempo ya, un día apareció por debajo de la puerta de mi casa un papel en el que estaba escrito: contraseña ************